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EL ARTE JOVEN EN CHILE
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Todo
foro internacional se constituye, por su propia naturaleza,
en un relevante espacio para el conocimiento e intercambio
de las naciones. En este contexto los diálogos culturales
aparecen como una necesidad ineludible, en cuanto una mayor
profundidad de la mutua comprensión. Las estructuras
simbólicas con que las artes se manifiestan, las constituyen
en portadoras por excelencia de las más hondas expresiones
del pensamiento e identificación de las sociedades
que conforman sus contextos de producción, dando por
esto sentido a los intercambios de bienes.
Entendemos
la participación de Chile en este foro, como resultado
de las importantes transformaciones que el país ha
emprendido desde el inicio de los años '90, cuya consecuencia
es la rápida transformación de nuestro paisaje
cultural. Una economía pujante ha permitido constantes
avances en distintos aspectos, debiéndose destacar
aquellos relativos a la educación y productividad artística
en general, generándose un contexto donde el signo
más evidente resulta el progresivo paso de una sociedad
enclaustrada hacia su activa participación en el contexto
internacional, lográndose simultáneamente también
una mayor inscripción de las obras de nuestros artistas.
Por
tener las artes visuales el gran mérito de ser expresiones
no verbales, aparecen con una mayor capacidad de superar las
fronteras, sobrepasando los límites de las lenguas
locales y anunciando la posibilidad de un complejo lenguaje
universal, pero siempre desde el estatuto del pliegue (fisura)
que significa su propio contexto y por esto contribuyendo
a la mutua comprensión desde el lugar de pertenencia.
El origen de las estructuraciones simbólicas, necesariamente
instalado en los propios paisajes culturales, habla también
a otras formas originarias, reconociéndose con esto
la necesidad profunda del dialogo, con la densidad propia
que requiere el desafío de un mundo, donde las nuevas
redes de comunicación instalan dimensiones culturales
inéditas.
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En
el campo de las artes nacionales y muy especialmente en
el de las artes visuales, constatamos hoy la emergencia
de una generación, cuya calidad de producción
empieza ya a ser considerada en distintos eventos internacionales.
Estos jóvenes cuyos trabajos coincidentemente aparecen
muy tempranamente en los años 90, se formaron en
condiciones culturales particularmente adversas y por esa
razón son los que más profundamente han experimentado
los cambios de nuestra sociedad en su proceso de transición.
Sus obras, caracterizadas por representar una mirada aguda,
propia de un riguroso proceso reflexivo y crítico
en el cual la memoria ocupa un importante lugar, han logrado
un alto grado de reconocimiento especialmente en las generaciones
actuales. De hecho, ellos están asumiendo el importante
rol de conformación del necesario imaginario de reconocimiento
de nuestra realidad y proveyendo el del mañana. Testigos
de su tiempo exponen desde su mirada crítica un espacio
del deseo.
Lo
mejor de sí , que hoy puede ofrecer nuestro país
como testimonio y correlato de su nueva prestancia en el
contexto internacional, es justamente la imagen aportada
por estos jóvenes artistas que así logran
también dialogar, desde nuestro propio proceso de
transición, con el que viven otras sociedades en
el mundo. Sin embargo, toda aproximación al significado
de su labor sería insuficiente si ella no se inscribe
en nuestra historia del arte. Razón por la cual,
la responsabilidad que le corresponde al Museo de Arte Contemporáneo
en este proyecto de intercambio, incluye necesariamente
una selección de las obras más relevantes
de su colección nacional, favoreciendo el conocimiento
de los antecedentes que han permitido el logro de la actual
escena.
Francisco
Brugnoli
Director MAC
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