Los 80 en Chile

Francisco Brugnoli
Junio de 2003

Para nuestra escena local, el inicio de esta década aún está bajo la hegemonía de las formas experimentales que, principalmente desde 1977, se resuelven en exploraciones de lenguaje y operaciones de materialidades diversas entre las cuales la fotografía y la gráfica, en sus amplios desplazamientos parecieran demostrar pudiera existir por primera vez, una preponderancia de trabajos en cuyo desarrollo la reflexión crítica superaría un tradicional imaginario pictórico.

Sin embargo también muy tempranamente, en esos años, aparecen anuncios que parecen indicar que, la condición efímera de las obras señaladas, fuera también la condición del mismo movimiento que las instala. Estos anuncios, o señales, emergen justamente desde las escuelas de arte, los lugares de mayor relevancia en la reproducción cultural, lo que permitiría ya pensar en su gran trascendencia. Siendo este un hecho no nuevo, que nos recuerda la suerte de la primera generación "adelantada" del país: el "Grupo Montparnasse", que aún a pesar del fuerte compromiso crítico de Juan Emar, no logra el efecto multiplicador que luego obtendrá la llamada generación del 28, justamente por su inserción en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, entonces único centro formador. Así mismo los protagonistas principales del arte experimental, especialmente aquellos reconocidos en "La escena de Avanzada", salvo la fragmentaria relación con el Taller de Grabado de Eduardo Vilches, en la Escuela de Arte de la Universidad Católica, no tendrán posibilidades de ejercer su influencia en un espacio de enseñanza. Tampoco serán en este sentido, determinantes los seminarios del Taller de Artes Visuales (TAV), justamente por los escasos estudiantes de arte concurrentes a sus seminarios.

En 1983 un hecho, aunque anticipado por otro, señalará ya claramente la emergencia de una generación de reemplazo y justamente en uno de los espacios más emblemáticos para el arte experimental: Galería Sur. Este será una muestra colectiva que con el nombre de "Provincia Señalada", se realizó bajo la curatoría de Carlos Leppe y Gonzalo Díaz, convocando a artistas muy jóvenes en la cual en un foro realizado durante la misma muestra, un estudiante declara que lo presentado corresponde a una única posibilidad para un programa donde sólo se imparten talleres con las tradicionales disciplinas de pintura, escultura y grabado, y donde los trabajos teóricos, contemporáneos al arte experimental, a pesar de su reconocido aporte son ignorados. La anticipación mencionada, se daría principalmente por "Zapateo Americano" de Sammy Benmayor y Jorge Tacla, en 1981 también en Galería Sur

Sin embargo el hecho tendría complejidades mayores, como la traducción de la obra fundamental de Achille Bonito-Oliva, La Transvanguardia Italiana, con la cual Sammy Benmayor apoya, la presentación de su exposición de graduación en el en la Universidad de Chile. Texto que una vez instalado en la biblioteca de la escuela se transformará en una referencia paradigmática.

Muy pronto nuestro paisaje retornará a la familiaridad de la pintura, vehiculizada por nombres que pronto serán muy conocidos y cuyos portadores tendrán la tendencia a agruparse en una forma que alcanzó a identificarse con el concepto de "tribus", por el afán de autoalimentación que los caracterizara, aunque algunos siguieran caminos más solitarios Como es el caso de Omar Gatica y Francisca Núñez, quien como escultora logrará un reconocimiento realmente privilegiado. Uno de estos grupos se identificó con su lugar de trabajo: el "Taller Chucre-Manzur", con la presencia principal de Benmayor, Pinto D`Aguilar, Asunción Balmaceda, etc., en otro espacio destacará Bororo, y un grupo se identificará con el nombre de una exposición donde se presentan en conjunto: "El enemigo público", con Bruna Truffa, Rodrigo Cabezas, Sebastián Leyton, Roberto Di Girolamo y Andrés Ducci.

En todos ellos, a pesar de sus reconocibles diferencias, se observan características comunes, siendo las más inmediatas la presencia de un gesto desenfadado, puesto en escena por el uso de colores vivos, muchas veces de superficie brillante, uso de movimientos amplios de apariencia descuidada donde el "chorreo" y el drípping, se buscarán como demostración del desenfado aludido. Temáticamente tomará fuerte importancia la cotidianidad, como es el caso de "La Cazuela" del Bororo, o las escenas autobiográficas, o también lo que podríamos llamar una melancolía de infancia.

Con todo esto parece darse justamente una descompresión simbólica del espacio fuertemente represivo en que esta generación se formará, pero también un rechazo a las exigencias de rigor productivo y ascetismo minimalista del arte experimental presente. La Pintura permitiría a través de su sensualidad táctil una sensación de libertad recuperada o ganada, que parecía imposible alcanzarse desde otros caminos.

Esta generación joven, logrará además un efecto socio cultural sorprendente. Santiago, donde existían prácticamente dos o tres galerías de arte, sostenidas con mucho esfuerzo, de pronto se convierte en el mejor territorio para un desarrollo que no se detiene hasta hoy. Pero aún a este se sumará a partir de 1984, otro hecho que no ha quedado suficientemente percibido. Por la disminución de la represión política, se inicia el retorno de artistas que habían tenido que exiliarse del país y los cuales en forma principal, están vinculados a los movimientos pictóricos que mantienen una hegemonía hasta 1973, esto a pesar de las rupturas experimentales reconocidas desde 1965, y que sirven de antecedente al arte de 1977 en adelante. Los artistas retornados así, a su regreso, encuentran un ámbito en que parecen reconocerse y se creará un paréntesis histórico, solo recientemente evidenciado, que dejará olvidadas a las formas experimentales hasta la tensión que hacia ellas manifiestan las tendencias recientes.

Así la Transvanguardia Italiana, habrá jugado un rol histórico, en esta lejana tierra que ninguno de sus actores habría podido imaginar. Sin embargo hemos debido esperar 20 años para encontrarnos con una gran muestra de sus protagonistas, que sin embargo podemos considerar anticipada por la exhibición personal, de uno de sus integrantes transitorios, Enzo Esposito, durante el año 1999 también el MAC.

Si bien las tendencias internacionales en una historia datada desde la fundación de América, iluminan los relieves de nuestro territorio, otorgando visibilidad a aquello que no reconocíamos con claridad como necesario, no nos parece exagerado deducir que, por su importancia entre nosotros, esta vez su luz ha sido de la mayor relevancia

Hoy día gracias al enorme aporte que significa la presencia de estos originales, se nos ofrece el privilegio de constatar el hecho fundamental de su contraste con nuestra producción, preguntarnos así por los plus significativos, que señalarían a este paisaje, justamente frente al que podríamos llamar el primer signo de la planicie globalizada y también una de las primeras grandes respuestas europeas a la supremacía de Nueva York, advertida con asombrosa claridad por Bonito Oliva.

Si bien no podemos predecir el efecto actual de esta muestra, no podemos dejar de pensar en la relación que se establece con las muestras "Cambio de Aceite 1 y 2", en el Mac durante este mismo año. Exposiciones curadas por alguno de los mismos artistas participantes cuya tesis se apoyaría en una reivindicación de las prácticas pictóricas actuales frente a las formas objetuales y post conceptuales de la mayor preferencia en la generación joven hasta el momento. Llamando especialmente la atención la participación de algunos de los protagonistas principales de las escenas de los 80: Benmayor, Frigerio, Cabezas, Truffa, Leyton, Lazo, Beltrán.

El Museo de Arte Contemporáneo, agradece el significado de la gestión de la Embajada de Italia en Chile, para la realización de esta muestra y muy especialmente al Sr. Embajador Giovanni Ferrero por su personal entusiasmo, demostrado desde el mismo día que nos propone el proyecto y que ahora con mucha satisfacción presentamos.

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