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Prólogo
En
su evolución más reciente, los límites
entre los distintos géneros de arte confluyen entre
sí o, para ser más exactos: sus líneas
de demarcación se diluyen.
Theodor W. Adorno, 1966
Presentar a Fluxus en una exposición
es una de las tareas más difíciles en la difusión
de esta, ya que en la motivación e intención
de este movimiento artístico subyace una paradoja irresoluble.
Más que de un planteamiento positivo, Fluxus se define
a partir de lo que no pretende. Como acontecimiento que surge
de manera espontánea, se atiene al instante del ser
y acepta su propio carácter efímero. Sus acciones
y performances rechazan la repetición. La distancia
temporal hacia los acontecimientos es casi insuperable. Y
así, en sentido estricto, Fluxus sólo puede
ser difundido a partir de una contradicción constitutiva,
es decir, como documentación, mediante fotografías,
apuntes, objetos-reliquia, múltiples y publicaciones.
En todo caso, el puente hacia la época actual sólo
pueden trazarlo aquellas obras que los artistas de Fluxus
han creado en el presente a partir del espíritu de
entonces. En esta exposición el Institut für Auslandsbeziehungen
(IFA) ha incorporado algunas de esas obras.
Las primeras actividades de Fluxus se llevaron
a cabo a principios de los años 60. Esa época
constituyó un parteaguas para las artes plásticas
en Europa y Estados Unidos. El campo de tensión de
los múltiples movimientos anti-arte que sucedieron
las ideas de Marcel Duchamp -neo-dada en Nueva York, nouveau
réalisme en París, Zero en Düsseldorf-
permitió una libre exploración de la realidad
y cuestionó el significado tradicional de los medios
artísticos. En el intento de reconciliar el arte con
la vida se basó un importante impulso para el surgimiento
de nuevas formas artísticas que no se centraban en
la producción de artefactos, sino en la acción
y el involucramiento activo del público.
En sus trazos fundamentales, la filosofía
estética que sustentaba al movimiento provenía
de Estados Unidos. John Cage la había permeado del
espíritu de la música; de esta manera, Fluxus
se deriva no tanto de la historia evolutiva de las artes plásticas
sino, sobre todo, de la música experimental. En esta
conexión de pensamiento radica también el motivo
de la transposición de límites mediáticos
que caracterizó desde el inicio sus actividades. Fluxus
reunió a músicos, literatos y artistas plásticos
en producciones conjuntas y encontró una expresión
sensorial en conciertos, eventos, manifiestos y ediciones.
Así como este movimiento no se deja
delimitar a un solo medio artístico, tampoco se puede
ubicar de manera nacional o territorial. Como fenómeno
va más allá de límites estatales o nacionales,
y al hacerlo representa de manera paradigmática la
acelerada internacionalización de la plástica
durante los últimos decenios. George Maciunas, su iniciador,
nació en Lituania. Cuando era niño llevó
a Estados Unidos, pasando por Alemania, las impresiones, expectativas
y anhelos culturales de su patria que lo acompañaron
durante su formación como diseñador e impregnaron
su interés por formas artísticas de doble fondo.
Al mismo tiempo presenció el renacimiento radical del
arte y entró en contacto con John Cage y otros compositores
de la New School for Social Research, que produjo muchos artistas
del happening. Regresó a territorio alemán a
raíz de un trabajo que le encomendó el ejército
norteamericano. En su equipaje llevaba los principios intermediales
de acción que condujeron en 1962 al primer concierto
Fluxus, el Festum Fluxorum, con el que se estableció
en Alemania. Desde ahí irradió sus nuevos impulsos,
que se propagaron por Europa y Estados Unidos.
Con esta exposición el IFA aborda
por primera vez el tema de la migración en el arte.
Los artistas se han convertido en global players. El constante
desplazamiento entre culturas se convirtió prácticamente
en tópico del papel del artista en tiempos posmodernos.
Si en los años 50 todavía muchos creadores se
dirigían a París como la metrópoli cultural,
o a Nueva York a partir de los 60, más tarde los artistas
de Fluxus de otras naciones escogieron deliberadamente Alemania
como su centro de residencia y trabajo, y obtuvieron ahí
estímulo para su quehacer creativo.
Ursula
Zeller
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