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MUSEOGRAFÍAS
2ª Etapa
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Texto
de Paz Aburto
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CONSUELO
LEWIN Y FÉLIX LAZO
Consuelo
Lewin y Félix Lazo incorporan procesos industriales
al oficio pictórico, alterando el soporte, los materiales
y los temas de la pintura tradicional. Lewin utiliza pintura
para autos, la aplica sobre lata por medio de un compresor.
Los colores planos corresponden al muestrario o 'pantone'
de pintura industrial y las fotografías con textos
al referente natural que ha motivado la gama y el código
decorativo-comercial. Así "Cloxinia", por
ejemplo, es el nombre técnico que representa ese color
de cielo, exhibiendo el tránsito del modelo real a
la producción fabril como una muestra de las abstracciones
(y ficciones) del comercio cotidiano.
Félix
Lazo utiliza el soporte blando de las banderas para realizar
una dura crítica a las ideologías fundacionales
de Chile. Por medio del corte y la costura híbrida
los emblemas de tres equipos nacionales de fútbol históricamente
en disputa. En esta recomposición muestra la fragmentación
y la devoración de la imagen del indígena colocolino
por dos instituciones que alegorizan los procesos hegemónicos
de la colonización y la República: la evangelización
(por parte de la Universidad Católica) y la Ilustración
(por parte de la Universidad de Chile).
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PATRICK
HAMILTON Y CRISTIAN SILVA-AVARIA
Esta
sala está integrada por dos artistas pertenecientes
a la misma generación y cuyas primeras exposiciones
datan de mediados de los '90. Sus trabajos se articulan
en series o colecciones en los que exhiben una apropiación
paródica de la historia de la pintura, dialogando
críticamente con las tendencias artísticas
y modelos culturales norteamericanos como se marca desde
el inglés de los títulos.
Patrick
Hamilton interviene un tapiz de lino pintándole tramas
y figuras con esmalte. La tela comercial como soporte de
la pintura define a su serie Magic Cover Paintig, título
arrancado de una línea internacional de diseño
de papeles murales, evidenciando la ambigüedad entre
el arte y la decoración en el campo del consumo cultural
actual. La pintura como revestimiento mágico -siguiendo
al título- alude al proceso de estetización
general de la sociedad de masas donde los recursos de la
representación artística se han puesto al
servicio de la amplia cosmética del kitsch. Estas
(baga)telas ironizan la pérdida de las funciones
históricas del arte, manifestando el vaciamiento
de su misión sacra o resistencia crítica vanguardista
dada la absorción de su lenguaje por la industria
y su devenir en la banalidad. Esta antimonumentalidad también
es portada por las figuritas cuyo carácter antiheroico
radica en la representación disminuida de la figura
humana clásica, el chiste de la narración
del flautista y su origen anónimo. Han sido atraídas
desde libros infantiles para colorear y citadas como referencia
al arte pop y su consigna "do it your self" (hazlo
tu mismo). En este caso son completadas -y consumidas- por
Hamilton quien las cubre con pintura industrial recalcando
la idea del maquillaje como lógica del paisaje cultural
contemporáneo.
Cristián
Silva-Avaria toma fotografías de muros de la ciudad
que han sido pintados para tapar la escritura urbana de
los graffiti. Encuadra y registra la mancha blanca, el borrón
y los exhibe como pintura abstracta. La exposición
de estas pinturas encontradas, sin autor(idad), simulan
irónicamente a la abstracción -como un momento
histórico del arte- y marcan su transferencia a la
pictoricidad local (específicamente Silva-Avaria
hace referencia a la escuela pictórica del Color
Full Painting de California). La caja de luz propia de la
publicidad callejera es utilizada como soporte de este tríptico,
perdiendo su funcionalidad original al transmitir un mensaje
borrado y frustrado, operando al modo de un ready-made (Duchamp).
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ALVARO
OYARZÚN
Alvaro Oyarzún dispone fragmentariamente su trabajo.
Variados formatos, géneros, temas y técnicas
se dispersan y se adhieren directamente sobre el muro de la
sala, componiendo desde la perspectiva las partes de la obra.
En su proximidad se articulan pequeños relatos y cruces
como micro tramas que ligan y juegan con el material extendido.
El montaje de estas piezas se ha realizado in situ, se armó
en la misma sala de exposición, incluyendo a la dimensión
temporal y espacial como parte del trabajo. Por estas condiciones
quiebra la posibilidad tradicional de ser una pintura trasladable
para colgar.
Oyarzún
toma como operación general la experiencia del autodidacta
que se pasea sin riesgo por los estilos y desde este relato
ficcional construye su obra como un intento que falla en cada
ejercicio estético. De ahí la imposibilidad
que data el título Estuve tan Cerca de Alcanzar mi
Meta y el eclecticismo que se permiten los fragmentos de dibujo,
mancha, abstracción, paisaje, etc. El humor de Oyarzún
consiste en asumir esta alternativa errática e ingenua,
produciendo un efecto general de confusión en el receptor
donde la capacidad del arte de generar sentido hoy queda ironizada
por el esparcimiento y distracción de la pintura como
lugar común.
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CIRO
BELTRÁN, RODRIGO VEGA, SEBASTIÁN LEYTON
Y ALVARO LÓPEZ
En
el hall Central exponen Ciro Beltrán, Rodrigo Vega,
Sebastián Leyton y Alvaro López. El desplazamiento
de las condiciones de la pintura tradicional se manifiesta
en la alteración de su soporte (Beltrán y López),
el corte del código realista (Vega) y el antiacademicismo
temático (Leyton).
Beltrán cuestiona la superficie del cuadro y cambia
la tela por la utilización de alfombras como nuevo
soporte. Recoge este nuevo material de las calles de Alemania,
en un fenómeno local llamado Sperrmüll consistente
en un sistema de limpieza municipal que autoriza a botar todos
los objetos en desuso -que no recibe la basura normal- una
vez al mes. De este modo, interviene con la memoria y la vida
de estos materiales hallados en ese escenario surrealista.
Pinta a las alfombras por ambos lados, sobre sus diseños
deformados por la tensión del bastidor. Trabaja la
textura y atmósfera de los fondos desde la mancha,
el brochazo y la variedad cromática, intervenidos por
una línea gráfica que compone generalmente motivos
abstractos.
Las
pinturas de Vega se componen por la fragmentación de
figuras en una disección que también corta al
código realista. Las imágenes -o partes de aquellas-
han sido arrancadas de diversos lugares: revistas ilustradas
antiguas, catálogos de venta, fotografías hechas
por el autor, encontradas o prestadas. Comparten en su recontextualización
el espacio del cuadro, unidas por las zonas de vacío,
ligantes y plasmáticas.
Esta
pintura de Leyton es el resultado de una revisión de
las imágenes de su obra durante veinte años,
de las que ha seleccionado aquellas que resisten con más
fuerza, condensándolas desde el punto de vista actual.
De ahí el título Puntos de una Línea,
pues son hitos de su biografía personal y de su lenguaje
artístico. Los "cuadros" que componen el
total se conectan por los cielos y las montañas a modo
de una línea del horizonte vital y pictórico,
que sigue también la secuencia de los símbolos.
López
trabaja con el pixel como unidad mínima del código
de imágenes globalizadas. Esta economía de la
información proviene más que de los laboratorios
de la abstracción artística, del proceso informativo
mediático: del inaugural juego Atari, las viñetas
de los comics, el sobreexpuesto diseño pixelado de
la censura televisiva o de la web. López produce una
tensión entre la historia del arte y el advenimiento
tecnológico al dispersar el soporte -como unidad de
la pintura- por el muro en la simulación del pixel.
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VÍCTOR
HUGO BRAVO, MARIO Z Y JORGE GONZÁLEZ LOHSE
En
esta sala la pintura se extiende hacia la objetualidad. Deja
el límite convencional del marco para emplazarse en
la tridimensionalidad propia de la escultura. Esta toma espacial
también se da como apropiación de territorios
estéticos y biográficos. Las obras exhiben tanto
la trama de lenguajes pictóricos convocados por cada
artista como sus vínculos personales/familiares.
Víctor
Hugo Bravo despliega el tema de la Madre Patria desde dos
instituciones: la pública (el Estado iconizado por
el escudo) y la privada (la familia representada por la madre,
el perro y la mesita hogareña). Las ingresa a la institución
del arte mediante la territorialización que ejerce
el camuflaje. Esta mancha sistemática se dispone sobre
las diversas superficies y objetos simulando variados territorios:
el desértico de la mesa, el dorado barroco del escudo
y el sicodélico que rodea a la madre. Bravo al pintar
con esmalte adhiere el brillo y la artificialidad del pop
a su obra, también trabajada desde veladuras tradicionales
(el cuerpo del cóndor), la pincelada expresionista
(las alas) y el formato gráfico (el escudo nacional
como cartel publicitario y el efecto posterizado de la madre
y el perro).
La
obra de Jorge González Lohse amplía las posibilidades
del retrato y autorretrato tradicional de la pintura. Incorpora
e interviene fotografías de familiares como zonas de
vitalidad personal en su pintura. De ahí el título
Territorios Recuperados, el que también funciona como
declaración de sus referentes estéticos (Dávila,
Monet, V.H. Bravo, entre otros autores escritos en una lista
dentro del cuadro). Fuentes eclécticas que se despliegan
por la obra al modo de citas de sus diversos lenguajes visuales:
la línea Mondrian, la gestualidad de la mancha, el
control gráfico, la neofiguración, el pop. La
expansión al volumen objetual está dada por
los lustrines que soportan al cuadro. Retrato de Pintor Chileno
es una obra construida con algunos materiales encontrados
y que juega con el segundo apellido del artista -su rasgo
distintivo- a partir del significante sonoro del la lengua
alemana: luxus (lujo), licht (luz), leiche (cadáver),
Lohse en relación con su oficio: maler (pintor) y kunst
(arte).
Mario
Z extrae imágenes de revistas antiguas guardadas por
su familia. De la publicación Pin-Up, de los años
'40 y '50, toma una ilustración de erotismo controlado
cuyo vestido se estampa con el retrato de una animación
actual, las Chicas Superpoderosas, también encontrada
en manos de un pequeño miembro de su clan. El fondo
abstracto resulta decorativo y es interferido por el gesto
de la mancha, descargando de contenido a esos recursos pictóricos
y presentándolos como operaciones de superficie. El
gran retrato de la Chica Superpoderosa está pintado
con veladuras tradicionales, cortado por el rosado plano del
fondo, exhibiendo también la atracción de la
tradición y del pop, respectivamente. La ampliación
espacial se configura por el sillón inflable que enfrenta
a la pintura desde su pura contemplación (ironizando
su inutilidad).
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BRUNA
TRUFFA Y RODRIGO CABEZAS
Bruna
Trufa y Rodrigo Cabezas organizan desde el concepto de la
música pop, el remix, la nueva disposición de
sus obras. Mezcla de obras realizadas en distintos momentos,
técnicas, soportes, materiales y temas se reúnen
como desarrollo de un pop local. La sociedad Truffa-Cabezas
convoca y revisa las variadas manifestaciones del arte popular
chileno: bordados, imágenes religiosas y letreros de
las micros, los que han sido encargados a los propios productores
de estos objetos, artesanos que ingresan a la institución
museal por medio de esta partida. A su vez intervienen directamente
sobre el muro de la sala con textos y pinturas que ironizan
la dependencia norteamericana respecto a los medios masivos
de comunicación (¿cuánto vale el show?,
el lenguaje de la web) y de la ideología capitalista
de la mercantilización (la bandera de U.S.A. como fondo
o mantel de la flora y fauna local consumida y la Cordillera
de los Andes a la venta). Este pop contestatario se retrata
en dos pinturas, realizadas por los artistas, donde se representan
anti-occidentalmente, como Saddam y una mártir irakí.
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HUGO
CÁRDENAS, MARCELA TRUJILLO Y CARLOS ARAYA
En
esta sala la pintura se desplaza de su factura y temática
clásica. Los modelos representados se extraen de los
medios masivos de reproducción y se articulan desde
el imaginario personal, confrontando los diseños sociales
con los individuales.
Hugo
Cárdenas y Carlos Araya pintan por medio de una mancha
directa, dura, que no esconde sino que presenta su materialidad.
Sus temas son resultado de una recopilación de imágenes
de los medios masivos de comunicación y de su enfrentamiento
con el archivo personal y vital de cada artista.
Las
pinturas de Marcela Trujillo se configuran a través
de modelos fotográficos, de imágenes pop (del
comics, cine, rock, punk), objetos decorativos, juguetes,
mapas, diagramas técnicos, diseños de origami,
tramas, etc. y los reúne bajo la vibración ácida
del color y la saturación del espacio controlados por
la composición previa del dibujo y la precisión
técnica otorgada a cada elemento. La fluidez visual
de sus pinturas conectan los signos de circulación
global con las narraciones subjetivas, como ha señalado
Trujillo: "Mis pinturas celebran la comunión de
los símbolos universales con la necesidad humana de
narrar anécdotas propias, de otorgar a la memoria visual
la oportunidad de hacer pública una imagenoteca privada,
apasionada y sensual".
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PABLO
CHIUMINATTO, IGNACIO GUMUCIO Y ALEJANDRA WOLFF
Si
bien los pintores de esta sala exhiben una factura tradicional,
desplazan esta técnica al hacer de la reflexión
sobre las condiciones de la pintura el tema de sus obras y
al trabajar con la operación del recorte.
Pablo
Chiuminatto utiliza el límite convencional del marco
(de estilo), como corte de la representación, para
citar la disposición de los cuadros en los salones
de pintura de los años '30, marcando un contraste con
el contexto progresista de la exposición.
Ignacio
Gumucio realiza sus pinturas, recortadas y diseminadas sobre
el muro, a través de una técnica que invierte
el proceso pictórico tradicional. Gumucio explica:
"pinto sobre una mica o plancha transparente la imagen
de un objeto colocado tras de ella, quedando la imagen definitiva
del lado de donde se ubica el modelo. Este modo de calcar
la imagen me obliga a marcar primero los detalles y luego
los elementos más generales".
Alejandra
Wolff trabaja el problema pictórico del formato, el
contexto y la escenificación en la representación
del retrato. Pinta en varias escalas, en panel gigante y miniaturas,
a sujetos en actividades cotidianas, colocados entre modelos
habituales de la pintura realizada en el taller académico.
Así, la escena hogareña del gran formato también
presenta en el primer plano las características escenográficas
de un bodegón. Las miniaturas disponen a los retratos
como recortes sobre el blanco y el contexto inacabado de la
tela, quebrando la organicidad de la composición pictórica
tradicional.
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