Los avances comunicacionales y tecnológicos de la última década del siglo XX trajeron grandes cambios políticos y económicos. La interconectividad mundial provocó que muchas personas se centraran en ámbitos íntimos de sus vidas y en el arte contemporáneo se abrió la tendencia de reexplorar lo que rodea a los artistas, a su vida cotidiana, a la expresión de sus percepciones y emociones.
Las obras de 11 jóvenes artistas japoneses revelan un gran interés en el proceso de producir objetos, como lo ha sido la tradición japonesa. Lo que hasta el momento se ha presentado como antivalores de la globalización, como la pérdida de cultura local, esta curatoría de Japan Foundation -institución encargada del intercambio cultural internacional de Japón- lo ha revertido como una tendencia de lo que podría ser el futuro. Mediante medios contemporáneos los artistas retoman sus tradiciones, reflexionan e imaginan desde sus universos más cercanos y en sus obras revelan sus miradas y preocupaciones de comienzos del siglo XXI.
ATSUSHI FUKUI (Aichi, 1966, vive y trabaja en Tokio) define su trabajo como "pintura de dormitorio", una experiencia perceptiva desde su cama en la que se mezclan escenas reales y no reales difícilmente diferenciables. Para Fukui no es necesario recorrer el mundo porque "es posible encontrar abundante material en el radio de un metro alrededor de uno mismo. Me interesa el mundo que veo en este momento en lugar del mundo objetivo".
El resultado pareciera que lo hemos visto antes, pero sin seguridad. No es claro tampoco si lo que se exhibe son escenas de interiores o exteriores: los pies o manos que sobresalen de la ropa de cama pueden pasar a ser parte del horizonte y se disuelven en el paisaje. Las pinturas que Fukui expone aquí tienen la influencia de carátulas de discos de su infancia.
SATOSHI HIROSE (Tokio, 1963, vive y trabaja en Milán y Tokio) frecuentemente presenta instalaciones o proyectos que involucran, o son vivenciados a través de todos los sentidos, incluyendo el olfato, el tacto y el gusto, como si intentase trascender la exclusiva dependencia en la visión, que es característica en el arte convencional. Prefiere usar objetos de la vida cotidiana que rara vez son usados en el arte, como limones, curry, mapas, dinero de papel y bolas de esponja. Los ordena con simplicidad para acentuar sus propiedades materiales.
Dos de las piezas que muestra esta exhibición contienen estrellas azules hechas con pasta para comida italiana. Con ellas revierte la relación del cielo y la tierra: "El cielo siempre parece colgar, desde una condición temporal", dice.
MAYWA DENKI (Tokio) es un colectivo de arte dirigido por Nobumichi Tosa. Su nombre proviene de una empresa de montaje de equipos eléctricos que administraba su padre. Los integrantes del colectivo se refieren a sus obras de arte como productos, a su estudio como una fábrica y a sí mismos como empleados de una empresa. Adoptaron el estilo de una pequeña fábrica de barrio, como aquellas que generaron el acelerado crecimiento económico de Japón donde realizan actividades inéditas. El grupo monta performances usando sus objetos como accesorios, realiza música en vivo y hace y vende juguetes. Incluso han celebrado un contrato de administración con una empresa de espectáculos. Subyacente a estas, actividades existe la preferencia por el arte a mano, que recuerda a las fábricas de barrios que se veían en el Japón de los setenta, despertando la nostalgia de la cultura artesanal de un tiempo perdido.
En esta exposición exhiben tres ejemplos de la serie Naki (máquinas con motivos de peces). Cada una de estas piezas combina la presencia material de un producto industrial con forma artística. El declarado interés en productos industriales implica la posibilidad de producción en masa en respuesta a un pedido, lo cual puede ser interpretado como una crítica de fe a la integridad de la obra original, que es una característica distintiva del arte convencional.
TOMOYASU MURATA (Tokio, 1974, vive y trabaja en su ciudad natal) es un artista de medios que crea animaciones con figuras tridimensionales provistas de un fuerte atractivo emocional, método que él cataloga como "hacer animación que rechaza la animación". Las figuras que parecen muñecas y que él hace con sus propias manos tienen un especial encanto que las diferencia de la animación común en dos dimensiones. En lugar de usar un guión, Murata utiliza hermosas melodías y sonidos naturales para estructurar sus películas. Con cambios sutiles en los gestos y expresiones faciales de las muñecas, él genera una minuciosa creación de un mundo artístico con fuertes atributos líricos y narrativos. Murata confecciona además los escenarios, los accesorios y se ocupa personalmente de la fotografía, iluminación y edición, obteniendo un control estético total en cada película. La calidad artesanal de estas películas aporta una atmósfera de gran calidez.
En esta exposición, Murata exhibe parte de la serie Road consistente de 5 partes, que narran la historia de vida de un pianista. Scarlet Road muestra la transición de la desesperación a la esperanza, en tanto White Road es el viaje del pianista en el cual él, una vez conseguido el éxito, intenta descubrir sus propios orígenes y los recuerdos de su niñez.
TETSUYA NAKAMURA (Chiba, 1968 vive y trabaja en Tokio) produce lo que él llama "escultura rápida", basada en el tema de la velocidad, desde 1998. Sus trabajos de apariencia aerodinámica sugieren máquinas que se mueven a gran velocidad, pero en realidad no son funcionales y están vacías en el interior. Esta "escultura rápida" tiene una terminación esperable en un producto industrial, no obstante su aplicación artesanal. Nakamura ha estudiado las técnicas de aplicación de laca, una de las técnicas japonesas tradicionales más exigentes. Realza la perfección, puliendo la superficie hasta lograr un brillo que no deja rastro de la mano del artista. Su maestría aporta fuerza y profundidad a su obra en tanto arte, pero no se puede ignorar su búsqueda por lograr un sentido visual de velocidad y trastocar valores aceptados.
En esta exposición Nakamura exhibe una escultura que parece máquina, un vehículo de carrera colocado sobre una vía elevada. El elegante cuerpo puede ser percibido como la visualización de ideas utópicas. El artista comenta que esta obra fue "imaginada como una pieza de prueba para un viaje supersónico".
KATSUHIRO SAIKI (Tokio, 1969, vive y trabaja en Nueva York) crea arte a través de medios fotográficos. En algunas de sus obras usa fotografías de marcos rectangulares tridimensionales de acero inoxidable que construye él mismo. En otras, reúne varias fotografías de paisajes. Aún cuando ambos tipos de trabajos usan fotografía instantáneas, el objeto de su fotografía tiene una presencia débil en comparación con la estructura geométrica. Saiki no se preocupa de explorar el tema como tal, se concentra en revelar la brecha entre la imagen fotográfica y la realidad, como manera de presentar un espacio y un mundo que solamente pueden ser expresados en fotografías. Además, elige el formato de instalación para dar forma tridimensional a las fotografías.
En esta exposición Saiki presenta obras fotográficas que contienen imágenes del cielo en forma abstracta. Según el artista "pareciera que la imagen de la obra existe desde el comienzo y yo busco un paisaje que se adapte a ella". La superficie de las fotografías que muestran el cielo y las nubes está cubierta con plástico acrílico para reflejar la imagen de la sala alrededor y destacar el carácter de objeto de la obra. El minimalismo de su obra trae reminiscencia del trabajo de Donald Judd.
MASAFUMI SANAI (1968, Shizuoka, vive y trabaja en Tokio) fotografía paisajes cotidianos que le son familiares. Elige paisajes simples sin características dramáticas, a medida que transita. Sus fotografías abren visiones de un mundo que se ha vuelto popular, especialmente entre los jóvenes. Sanai también realiza trabajos comerciales para revistas de moda, carátulas de CD y publicidad, pero su gran interés radica en la creación de arte fotográfico. Desde 1997, ha producido al menos un libro de fotografía por año. Se esmera en la presentación de su trabajo, cambiando el formato y el diseño en cada libro, su medio más importante de expresión.
En esta exposición presenta cinco fotografías elegidas por el artista de su primer libro Ikiteiru (vivir), publicado cuando tenía alrededor de veinte años. Son imágenes intuitivas que se desentienden del espacio- tiempo.
YOSHIHIRO SUDA (1969, Yamanashi, vive y trabaja en Tokio) es un tallador de madera de extraordinario talento que crea plantas y flores de tamaño casi natural. Incrusta estos tallados en grietas del piso o paredes y las adhiere a postes, ubicándolas en el espacio de exhibición con gran delicadeza y destreza. Por la sutileza de su ubicación, las obras parecen camufladas para el público. La maestría de Suda para esculpir flores que parecen reales y presentarlas de maneras inesperadas, hacen recordar la cómica historia popular Rakugo, protagonizada por un legendario carpintero que esculpió un diente de león en un bambú y que floreció al ser regado.
Debido a que Passage to the future es itinerante, Suda exhibe su obra en forma distinta: crea una simbiosis entre una peonía tallada y una taza de té negra de raku de la colección de la Japan Foundation. Inspirado en un poema chino de Zhao Gu, Suda talló un pétalo de flor con el estambre como una forma de responder a la fina taza de té que encarna la estética de wabi (elegancia de lo sencillo) formulada por el maestro Sen no Rikyu y que ha existido por cientos de años.
TABAIMO (Hyogo, 1975, vive y trabaja en Tokio) es conocida por el uso de películas animadas dibujadas a mano en escenografías arquitectónicas que emulan lugares comunes en la vida diaria de Japón: la cocina, el baño público, el tren y el hogar. Tabaimo construye estos espacios virtuales e instala varias pantallas en ellos para proyectar sus películas. Su animación es un poco entrecortada porque se mueve a una velocidad de diez cuadros por segundo y usa el mismo tipo de colores de los estampados del período Edo, como los de Hokusai, lo que los hace parecer antiguos. Tabaimo realiza gran cantidad de dibujos a mano para crear sus animaciones: "Si uno hace algo a un grado que otros raramente intentan, producirá una obra que también será distinta a todos los demás", dice.
Su obra en esta exposición es una miniatura de la obra con la cual debutó, una cocina japonesa. Básicamente reprodujo el conjunto de la obra original. . La película animada muestra a un noticiero que anuncia: "El tiempo para hoy en Japón: se espera una lluvia de alumnos secundarios alrededor del medio día debido a una baja de presión proveniente de la bahía". Este pronóstico de suicidios es seguido por una serie de chocantes escenas relativas a modernos problemas sociales. "Mi concepto consiste simplemente en yuxtaponer los "problemas sociales" que he visto, tal como son", dice la artista, quien no hace una crítica social abierta ni inserta mensajes en su obra. Este trabajo parece una versión moderna de los espectáculos en carpa, tan comunes en Japón a fines del siglo XIX, que eran relativamente vulgares, pero lograban estimular los sentidos y la curiosidad de la gente.
NOBUYUKI TAKAHASHI (Kanagawa, 1968, vive y trabaja en su ciudad natal) pinta aquellos lugares con significado sentimental para la mayoría de los japoneses: santuarios, templos, balnearios de aguas termales. Usa imágenes de fotografías, postales y publicaciones impresas en lugar de pintar la escena. Manipula estas imágenes preexistentes, reduciéndolas a sus mínimos elementos estructurales, a líneas simples y áreas de color. La simpleza inicialmente sugiere que fueron pintadas espontáneamente, pero en realidad, el artista dedica bastante tiempo a trabajar cada línea hasta lograr su perfección. Sus composiciones atrevidas y planas, la existencia de amplias extensiones de espacios no pintados y el tratamiento altamente abstracto de la imaginería representativa, hacen recordar la pintura tradicional japonesa.
Aunque Takahashi usa un contenido japonés y presenta temas referidos a su propio origen e identidad, observa estas escenas de manera casual, como si no tuviesen un significado específico, las des-familiariza porque piensa que mientras más simples sean, más complejos serán los sentimientos que despiertan en el espectador. Sus pinturas experimentan una variedad de estilos en lugar de asumir un enfoque uniforme. Adapta con flexibilidad el estilo al tema, de la manera que él considera más adecuada, probablemente como resultado de seguir su propia realidad personal.
MIYUKI YOKOMIZO (Tokio, 1968, vive y trabaja en su ciudad natal) estudió escultura, pero se desencantó con el uso de materiales naturales, especialmente la piedra, madera y papel, que utilizaban en la Escuela de Objetos Mono-ha, un conocido movimiento de comienzos de los setenta. Prefirió materiales más familiares como el plástico, el más típico de la sociedad de consumo masivo. Al comienzo ella estaba fuertemente convencida que "el arte hay que crearlo" y se dedicó a construir estructuras físicas con objetos cotidianos como tinas de baño y sillas. Actualmente ha mostrado gran interés en la estructuración de espacios.
La obra exhibida en esta exposición es parte de las instalaciones que Yokomizo realiza desde 1997. Consiste en barras de jabones de llamativos colores fijadas a láminas de plástico transparente que cuelgan del techo, que parecen envoltorios de golosinas. En realidad, cada ristra contiene solamente dos barras de jabón auténtico, los otros se han confeccionado vertiendo plástico (resina de uretano) en moldes de de jabón, y puliéndolos para producir objetos que pueden ser descritos como "esculturas". La artista produjo aproximadamente 1.600 de estos objetos para esta exhibición. Son reales en tanto obras de arte, pero falsas como jabones. El jabón tiene la imagen de pureza, pero su proceso de manufactura tiene un efecto negativo para el medioambiente.
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